“Conócete a ti mismo” es uno de los más famosos aforismos de todos los tiempos. Se podía leer en la entrada del Templo de Apolo en el Oráculo de Delfos. Hasta ese lugar emblemático se dirigían aquellas personas que iban a pedir consejo a los Dioses de la Antigua Grecia. Buscaban respuestas para sus diversos dilemas. Significa que la principal necesidad de una persona para acceder a la sabiduría filosófica es el autoconocimiento.

No hay nada más poderoso que sentir que tenemos el control de la situación. Asimismo, no hay nada más aterrador que sentir que no tengo el control de nada.

Cuando obtenemos las herramientas y conocimientos necesarios para controlar «X» situación, nos invade un aura de tranquilidad que nos ayuda para vivir más dignamente dicha situación.

Conócete a ti mismo: saber las causas del dolor y el pronóstico reduce drásticamente el sufrimiento de los pacientes

 

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La mayoría de las personas que vienen a nuestras consultas presentan un miedo consecuencia de no saber qué es lo que les causa ese dolor tan molesto. Muchas veces vienen después de haberse hecho las pruebas médicas correspondientes. Otras muchas vienen directamente ante la aparición de algún síntoma. En ambos casos, vienen envueltos en un mar de dudas respecto a la gravedad de lo que puedan tener y/o con la incertidumbre de que lo que tengan pueda no irse nunca más.

Como fisioterapeutas, en Clínica Mediterrani tenemos la obligación de tranquilizarles ofreciendo cualquier explicación que deseen obtener. Algunas veces ofrecérselas aunque ellos no la vean necesaria. De hecho, no han sido ni 1 ni 2 veces, las ocasiones en las que nos encontramos a los pacientes tumbados en la camilla directamente una vez entran en la consulta para ser atendidos.

Recuerda que el primer paso es: Conócete a ti mismo.

Poseemos el organismo más sofisticado del planeta, pero no nos enseñan cómo funciona

 

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No somos conscientes de la importancia de entender por qué sentimos lo que sentimos. No somos conscientes de que antes de la acción está la reflexión. Y es después de esta reflexión cuando los pacientes empiezan a comprender que el proceso de curación empieza con el conocimiento de su organismo y no al tumbarse en la camilla para que otro les solucione el problema.

Se trata de un proceso activo-asistido o más bien un proceso activo-acompañado, en el que el paciente realiza la parte activa y el profesional la parte acompañante.

Al fin y al cabo, no hay nada más poderoso que sentir que tenemos el control de la situación. No hay nada más poderoso que el conocimiento.

 

Y tú, ¿Deseas conocerte a ti mismo?.

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