Para ayudar a que tu cerebro funcione de manera más óptima es necesario que comprendas la importancia de reducir el estrés en tu vida.

Subestimamos el impacto que tiene llevar una vida “estresada”. No somos conscientes de que el estilo de vida, nuestra dieta, nuestro descanso, nuestra vida social, nuestros hábitos… todo tiene un impacto en nuestro organismo. Un impacto que puede marcar una diferencia entre una vida plena y una vida de sufrimiento.

Hoy os queremos hablar de cómo el cerebro sufre directamente lo que se llama “carga alostática”.

El término «alostasis» se utiliza para referirse al proceso activo por el cual el cuerpo responde a los eventos estresante diarios y mantiene ese equilibrio (homeostasis). “Alostasis “significa literalmente “lograr la estabilidad a través del cambio”. Y el término “Carga alostática” se refiere a la sobredosis de “alostástis” o al mantenimiento de la misma en el tiempo de forma patológica.

Nuestro organismo está preparado para salir de la tranquilidad ante un evento estresante. Si vamos por la calle y nos encontramos con un atracador, el cerebro inmediatamente pone en marcha unos mecanismos que nos preparan para luchar o huir. Es lo que conocemos como el “Sistema Simpático”. Una vez finalizado el evento estresante se activa el sistema que nos devuelve a la calma para poder seguir una vida equilibrada. Este sistema recibe el nombre de “Sistema Parasimpático”.

 

¿Cómo afecta el estrés a tu cerebro?

 

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El problema reside cuando este cambio (estrés) se mantiene en el tiempo. O cuando se activa demasiado frecuentemente. Es entonces cuando nuestro cerebro empieza a sufrir cambios estructurales en áreas que son claves para el correcto funcionamiento del organismo. Por ejemplo, el hipocampo, área determinante para la memoria se ve afectada por estos cambios. La amígdala, centro del miedo, se verá afectada por estos cambios. La corteza frontal, muy importante para tareas ejecutivas y creativas, también se verá afectada.

En otras palabras, llevar una vida estresante dificulta nuestra capacidad de concentración, afecta a nuestra memoria, aumenta los estados de miedo y ansiedad, nos hace menos sociables, disminuye la creatividad, afecta a la calidad de nuestro sueño que, a su vez, activa los mecanismos de estrés (sistema simpático), cerrando así un círculo vicioso muy perjudicial para nuestro organismo.

Y es que, actualmente, no necesitamos que un atracador nos asalte por la calle para entrar en “alostásis”. Basta con agobiarnos por el ambiente de trabajo o con el trabajo en sí, con la situación familiar o social, con la relación de pareja, tener malos hábitos de sueño, llevar a una dieta inadecuada o llevar una vida sedentaria.

Y lo peor de todo es que culpamos al trabajo, la familia, la sociedad o la relación, en vez de coger la responsabilidad de encontrar la manera de mejorar la calidad de estos aspecto para el mejor funcionamiento de mi organismo.

 

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro cerebro?

 

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Desde el punto de vista del individuo:

  • Dormir mínimo 7 horas al día.
  • Tener un entorno social saludable.
  • Buscar(aunque sea forzosamente) el lado positivo de todo lo que me rodea. Por ejemplo, si veo que me quejo del trabajo, ver la parte positiva: tengo trabajo.
  • Ser agradecido con mi vida. Agradecer todas las cosas de mi entorno me ayudan a darles el valor que se merecen.
  • Mantener una dieta saludable.
  • Evitar fumar.
  • Actividad física moderada al menos 20 minutos al día de manera semi intensa. La OMS recomienda 12000 pasos diarios.

Estas sencillas recomendaciones pueden hacer que tu organismo funcione como la máquina tan extraordinaria que es o que empiece a dar fallos que afecten a la calidad de tu vida.

La buena noticia es que depende únicamente de ti, la mala es que depende únicamente de ti.

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Tú decides.

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