Yo tampoco llego a todo. Yo también tengo días en los que me cuesta entender qué necesito. Vivo momentos intensos de saturación, de frustración, de culpa. Hay veces que las cosas no me salen bien y me equivoco. Hay veces que no soy capaz de cuidarme como me gustaría. En ocasiones me siento cansada, y sé que he de parar, pero no puedo, porque hay personas y proyectos que dependen de mí.
Y sí, yo también me dejo llevar por el contenido de mis pensamientos. Hay momentos en los que no me quedan fuerzas para gestionarlos, y es justo ahí cuando entro a bailar con mis emociones desagradables, como si fueran compañeros de baile. “Solo un ratito”, me digo. También lo necesito.
No hay nada que resolver ahora mismo. Esta incomodidad, esta saturación, esta frustración… Forma parte de quién soy, forma parte de mi y sé que igual que viene, se irá. Me permito estar ahí, sintiendo sin juzgar, sin valorar, simplemente cambio mi rol y me convierto en observadora de mi misma, y esto también es un acto de autocuidado profundo.
No necesitas luchar contra todo lo que sientes ni tener todas las respuestas. Ahora no. Ahora es momento de abrirme a lo que está ocurriendo, contemplarlo conscientemente, reconocerlo y dejar que exista. Entiendo entonces que no he de eliminar el malestar para vivir plenamente; podemos aprender a movernos hacia la vida que queremos, incluso con emociones difíciles a nuestro lado.
No, no eres la única. No estás sola. No solo te pasa a ti. No eres rara, y tampoco te pasa nada malo. Todo esto forma parte de una etapa que parece eterna, pero recuerda: de todos los temporales de los que has salido… este también pasará.
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