A mí no me gusta nada dar consejos. Pero hoy… voy a darte uno: no vayas a terapia.
Sí, lo has leído bien.
No vayas si piensas ocultar información relevante cuando hablamos de tu caso.
No vayas si cancelas las sesiones una y otra vez.
No vayas si crees que quien tiene que cambiar es tu pareja, tu madre o cualquier otra persona… pero tú no.
Tampoco vayas si te dices: “Es que yo soy así y no voy a cambiar”.
Ni si no vas a hacer ninguna de las actividades que tu psicóloga te propone.
Y si piensas que la terapia es solo un espacio para hablar, sin exponerte a nada que te genere malestar… tampoco.
No vayas si lo que quieres es que la psicóloga te dé todas las soluciones, si abandonas al primer cambio o si tienes pensado hacerle ghosting.
Ir a terapia no es solo sentarse en una silla y esperar que las cosas cambien. Es un proceso vivo, activo y horizontal, donde se construye una relación de confianza que necesita de tu implicación, tu honestidad y tus ganas de mirar hacia dentro, y también hacia fuera, incluso cuando eso incomoda. La psicoterapia no es magia, y puede ser profundamente transformadora si te permites estar presente de verdad. Porque en realidad, la terapia no la hace la psicóloga sola: la haces tú, con cada paso, cada intento y cada compromiso contigo mismx.
Porque la terapia es un proceso exigente, donde hacen falta compromiso, sinceridad y valentía.
Y si no es así… de verdad, no vayas.
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